Quiénes somos: SEMILLA VIVA

“El hombre no es un ser que se detiene, es un ser en proceso de convertirse. Cuanto más se capacita para ser, más cumple su verdadera misión”.
Rudolf Steiner

SEMILLA VIVA nació prácticamente sin querer, como nacen muchas semillas.

No nació de un gran plan ni de una estructura perfectamente diseñada. Nació de una idea que fue creciendo y que, con el tiempo, me permitió entender —o al menos empezar a entender— cuál podía ser nuestro lugar.

Conectar personas, acompañar proyectos y ayudar a que buenas ideas encuentren dónde crecer.

Ese sigue siendo, para mí, el concepto raíz de SEMILLA VIVA.


Pasarela de San Marcos Sierras

Una historia que empezó mucho antes

Para entender de dónde viene SEMILLA VIVA tengo que volver bastante más atrás.

Crecí en San Marcos Sierras, Córdoba, en una casa donde producir una parte de nuestros propios alimentos era algo cotidiano.

Había huerta. Se hacían jugos, dulces, vinos y aceite de oliva. Comprábamos trigo y lo molíamos para preparar nuestro propio pan.

Muchas de esas enseñanzas llegaron a través de mi padre.

En aquel momento no hablábamos de autocultivo, sustentabilidad ni consumo consciente.

Era simplemente una manera de vivir.

Muchos años después entendí cuánto de aquella experiencia había quedado dentro mío.

La relación con la tierra.
El valor de hacer las cosas con las propias manos.
El respeto por el tiempo que necesita un alimento.
Y, sobre todo, comprender que detrás de cada producto siempre hay personas.

SEMILLA VIVA apareció mucho después.

Pero algunas de sus raíces ya estaban ahí.


Ser un puente

SEMILLA VIVA comenzó originalmente como un proyecto de comercio electrónico.

La idea era sencilla:

ser un puente entre el productor y quien elige consumir su producto.

Dar visibilidad a uno y ofrecer información al otro.

Con el tiempo entendimos que esa capacidad de conectar era una de nuestras principales fortalezas.

Nos gusta conocer a quienes producen.

Preguntar.

Visitar.

Escuchar.

Entender cómo trabajan y por qué hacen las cosas de determinada manera.

Porque no me interesa solamente incorporar una yerba, una miel, una harina o un aceite.

Me interesa entender qué hay detrás.

Quién lo hizo.
De dónde viene.
Cómo fue elaborado.
Y por qué creemos que merece llegar a otras personas.

Ahí es donde SEMILLA VIVA encuentra su lugar.


Elegir es parte de lo que hacemos

No buscamos tener todo.

Buscamos tener una razón para que cada producto esté.

Muchas veces esa razón aparece en una certificación orgánica, en una materia prima o en un proceso de elaboración.

Pero otras veces está en algo mucho más profundo:

la visión de las personas que están detrás del producto.

Productores, familias, cooperativas y emprendimientos que entienden que producir también implica una responsabilidad con la tierra, con las personas y con aquello que dejamos hacia adelante.

Por eso seleccionar también significa saber decir que no.

No queremos una colección infinita de productos.

Queremos construir una propuesta con identidad.


Tres principios que están en el origen

Cuando SEMILLA VIVA comenzó a tomar forma había tres ideas que ya estaban presentes, aunque todavía no supiera expresarlas de esta manera:

autocultivo, sustentabilidad y comercio justo.

El autocultivo viene de mi historia.

De haber crecido entendiendo que un alimento no empieza en una góndola, sino mucho antes: en la tierra, en una semilla y en el trabajo de alguien.

La sustentabilidad también nace de aquellas primeras enseñanzas. No como una palabra de moda, sino como la responsabilidad de crecer sin olvidarnos de las consecuencias de nuestras decisiones.

Y el comercio justo fue un principio que fui comprendiendo y desarrollando con SEMILLA VIVA.

Porque ninguna cadena puede ser verdaderamente sostenible si quien produce no puede seguir produciendo.

Esos tres principios siguen funcionando como una brújula.


El cambio empieza en lo pequeño

Hay una idea que acompaña al proyecto desde sus comienzos:

“La suma de las pequeñas acciones genera un cambio exponencial en el largo plazo.”

Creo profundamente en eso.

Muchas veces esperamos que los cambios importantes ocurran de una sola vez.

Pero casi nunca funcionan así.

Empiezan en lo pequeño.

Elegir distinto.

Preguntar de dónde viene algo.

Conocer a un productor.

Apoyar un proyecto.

Cambiar un hábito.

Mejorar un proceso.

Una acción aislada puede parecer insignificante.

Pero cuando muchas pequeñas decisiones se sostienen en el tiempo y empiezan a convertirse en acciones colectivas, pueden ser profundamente transformadoras.

SEMILLA VIVA nació alrededor de esa convicción.


Kaizen: seguir creciendo

Por eso también incorporamos desde nuestros primeros años una idea que me representa especialmente:

Kaizen. La mejora continua.

No esperar una transformación extraordinaria.

Aprender.

Corregir.

Mejorar algo.

Volver a probar.

Y después volver a mejorar.

Ese principio hoy atraviesa prácticamente todo lo que hacemos.

La selección de productos.
La atención.
La logística.
El almacenamiento.
La comunicación.
La tecnología.
Nuestra forma de comprar y distribuir.

Siempre tuve una inquietud especial por la digitalización, la innovación y por buscar herramientas que nos permitan hacer mejor nuestro trabajo.

SEMILLA VIVA nunca está completamente terminada.

Está en proceso.

Y quiero que siga estando en proceso.


Distribuir también es asumir una responsabilidad

Con el crecimiento apareció otra dimensión del proyecto.

SEMILLA VIVA dejó de ser solamente un espacio que conectaba productores y consumidores y pasó a desarrollar una verdadera operación de distribución mayorista.

Eso nos hizo comprender algo importante:

un buen producto necesita continuidad.

Para un productor no alcanza con conseguir una venta aislada.

Y para un comercio tampoco sirve descubrir un gran producto si después no puede volver a encontrarlo.

Distribuir significa almacenar, planificar, cuidar el producto, construir stock y trabajar para sostener su disponibilidad.

Buscamos darle al productor permanencia en el mercado y al cliente mayorista la confianza de poder seguir trabajando aquello que incorporó a su negocio.

Porque un puente necesita algo más que buenas intenciones.

También necesita estructura.


SEMILLA VIVA hoy

Hoy SEMILLA VIVA es una tienda y distribuidora de productos orgánicos, naturales y gourmet.

Trabajamos desde Mataderos, Ciudad de Buenos Aires, conectando productores con consumidores, dietéticas, comercios y emprendimientos.

La yerba mate ocupa un lugar muy especial dentro de nuestro recorrido, acompañada por mieles, harinas, aceites, vinagres, infusiones, dulces, conservas y otros alimentos que creemos que vale la pena conocer.

Tenemos un canal minorista y una operación mayorista.

Dos formas distintas de llegar a las personas, pero una misma idea detrás:

acercar buenos productos a quienes están buscando encontrarlos.

Para consumo personal

Descubrí nuestra selección de productos y comprá directamente desde la tienda.

Para comercios y emprendimientos

Conocé nuestra propuesta de distribución y venta mayorista de productos orgánicos y naturales.


Todavía somos una semilla

Después de todos estos años, hay algo que sigo sintiendo:

todavía queda muchísimo por recorrer.

Y me gusta que sea así.

Seguimos aprendiendo.

Seguimos encontrando productores.

Seguimos incorporando herramientas.

Seguimos equivocándonos, corrigiendo y volviendo a intentar.

Seguimos preguntándonos cómo hacerlo mejor.

Quizás por eso el nombre sigue representando tan bien lo que somos.

Una semilla es pequeña.

Pero contiene algo que todavía no puede verse.

Necesita tiempo, trabajo, cuidado y condiciones para desarrollarse.

Con los proyectos ocurre algo parecido.

SEMILLA VIVA nació como una idea.

Hoy es una empresa.

Pero quiero que conserve siempre algo de aquella primera semilla:

la curiosidad por descubrir, la voluntad de seguir aprendiendo y la convicción de que las pequeñas acciones, cuando encuentran dónde crecer, pueden transformar mucho más de lo que imaginamos.

Maximiliano Carroz
Fundador de SEMILLA VIVA