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Historia del glifosato: Monsanto, Roundup y el agente naranja

Monsanto

Para entender la historia del glifosato, quiero mirar también a la empresa que lo llevó al mercado: Monsanto.

Primero, una aclaración: glifosato es el nombre de una sustancia utilizada como principio activo en herbicidas. Roundup es la marca con la que Monsanto comenzó a comercializarlo en 1974.

De la investigación al uso agrícola

En 1970, el químico John E. Franz, que trabajaba en Monsanto, identificó las propiedades herbicidas del glifosato. Ese trabajo permitió desarrollar un producto para controlar malezas, que llegó al mercado cuatro años después.

Otro momento clave llegó en 1996, cuando Monsanto lanzó en Estados Unidos la tecnología Roundup Ready en soja: plantas modificadas genéticamente para tolerar el glifosato. Así, la empresa vinculó la comercialización del herbicida con semillas diseñadas para resistir su aplicación.

Monsanto y el agente naranja en Vietnam

La historia de Monsanto también incluye su participación, junto con Dow y otros fabricantes, en la producción del agente naranja utilizado por Estados Unidos durante la guerra de Vietnam. Ese antecedente aparece reconocido en documentación empresarial presentada ante la SEC, el organismo regulador del mercado de valores estadounidense.

El agente naranja se utilizó para eliminar árboles y vegetación que ofrecían cobertura a las fuerzas enemigas. Combinaba 2,4-D y 2,4,5-T; este último contenía contaminación por TCDD, una dioxina muy tóxica y clasificada como cancerígena para los seres humanos.

El glifosato no formaba parte del agente naranja. La conexión entre ambos está en la historia de Monsanto, no en su composición química. Por eso, compartir un fabricante no permite atribuirles los mismos efectos sobre la salud.

Por qué esta historia también importa al elegir

Ahora bien, para mí, la historia y las prácticas de una empresa también cuentan cuando decidimos qué comprar.

Los datos científicos nos ayudan a evaluar una sustancia. Nuestros valores también intervienen cuando elegimos qué empresas y formas de producción queremos acompañar.

En SEMILLA VIVA, esa mirada me lleva a valorar el vínculo directo con los productores, conocer cómo trabajan y acercarte opciones orgánicas y agroecológicas con información que puedas consultar.

Elegir una yerba es también una oportunidad para apoyar la forma de producir en la que creemos.